El paraguas político, ideológico y ético en el contexto salvadoreño

Por: Francisco Quintanilla

En la relación conciencia y realidad, ésta última adquiere una primariedad en relación con la primera, ya que, en primer lugar, existió y existe antes que la conciencia y, en segundo lugar, existe con independencia de este proceso superior psíquico y de cualquier psiquismo, mientras que la conciencia y todos los procesos psíquicos son secundarios, ya que existen con dependencia de la realidad. Sin embargo, el hecho de que la realidad exista con anterioridad y con independencia de la conciencia, no anula en absoluta el poder que tiene el sujeto individual y grupal con su conciencia de transformar radicalmente la realidad natural y social que le circunda y poner la realidad al servicio de la humanidad en general y en particular de las inmensas mayorías de oprimidos de cada pueblo y del mundo entero.

Desde la perspectiva anterior, que tiene fuertes raíces marxistas, implica que la comprensión de la conciencia y de toda la subjetividad humana social e individual, así como de su dinamismo, no se puede lograr con una mayor profundidad, si se hace al margen de la sociedad donde se produce y del tiempo donde ocurre, ya que tanto la realidad social como la conciencia son una producción histórico-social. En otras palabras, tener más posibilidades de alcanzar una comprensión más profunda de la conciencia y de toda la subjetividad humana, se logra teniendo, por una parte, más capacidad de comprender el dinamismo de la realidad social y natural, y por otra, teniendo más capacidad de comprender la relación e interacción dinámica entre sujeto individual y grupal con la realidad que le circunda.

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Ignacio Ellacuría en sus escritos sobre la universidad, decía, que esta institución, debería ser: “La razón procesada de la razón popular. Para que la universidad lograra este cometido histórico, debería, como un deber, más que académico-científico, ético, insertarse en la realidad de los oprimidos y procesar y digerir el saber popular, y sistematizarlo y traducirlo en un saber académico-científico capaz de que al regresárselo a sus auténticos productores (las mayorías populares) aumentaran su capacidad de descubrir la esencia que se oculta detrás de la apariencia de la realidad que les circunda, capaz de descubrir sus contradicciones y capaz de superarlas.

Ese presupuesto ellacuriano, no sólo se aplica a la universidad, a su quehacer y a su misión, sino que también a toda organización social y cultural y profesional que intenta entender y profundizar en las entrañas de la realidad que les circunda, pasando en forma progresiva y dinámica de la apariencia a la esencia.

Lograr y asumir este deber, que más que epistemológico es histórico y ético, exige, desde sí mismo, que la universidad, las organizaciones sociales y culturales y los profesionales se metan en la realidad, sobre la realidad de la inmensa mayoría de oprimidos y excluidos, pero que a la vez tomen distancia de ella, para que, con cabeza fría, pero con mucha sensibilidad humana, puedan procesar el saber popular y traducirlo en un saber académico-científico que se convierta en luz de las acciones y praxis de las mayorías populares. Una vez logrado tal cometido, de haber procesado el saber popular, la razón popular, de nuevo la universidad, las organizaciones sociales y culturales y los profesionales comprometidos con la liberación progresiva de las

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mayorías oprimidas, deben de regresar en forma de retroalimentación, a la realidad de las mayorías populares para devolverles su saber popular pero transformado en un saber que les permita ya no sólo mirar y oír la realidad, sino que también observarla y escucharla, que les permita no sólo contemplar sino que también transformar radicalmente la realidad y superar con creces las causas estructurales de la injustica social y de la opresión.

La universidad, las organizaciones sociales y culturales como cada uno de los profesionales comprometidos desde su quehacer y desde su especificidad, deben, en otras palabras, al procesar la razón popular, contribuir a que cada una de las decenas de miles de oprimidos, decidan encender la velita que llevan en su conciencia y poder ver y escuchar más lejos y más profundo, dejando en el pasado el pensamiento entumecido que se ha apoderado de la inmensa mayoría de empobrecidos y sustituirlo por un pensamiento ágil, dinámico y dialéctico capaz de poner al descubierto las causas y a los responsables mayores de promover, sostener y vivir de la injusticia social y de la opresión de las mayorías populares.

Cuando en forma progresiva, cada sujeto individual y grupal deciden encender la vela que llevan en su conciencia, y que hasta ahora ha permanecido apagada, se convierte en una tremenda luminaria, que permitirá dejar al descubierto y al desnudo a los máximos productores de la mentira, de la opresión e injusticia estructural.

Pero, mientras lo anterior no ocurra o se posibilite, estos máximos productores actuales de la mentira, de la opresión e injusticia estructural, contradictoriamente, continuaran utilizando en El Salvador,

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el mismo paraguas construido, tejido y utilizado por los gobiernos de ARENA como una actualización de los gobiernos del PCN y de gobiernos similares y por los gobiernos del FMLN, para cubrirse o encubrirse de la mirada crítica de todos aquellos con capacidad en un momento determinado de ver, de escuchar la justa realidad y de pensarla critica y creativamente para su transformación radical.

La utilización de ese mismo paraguas por parte del régimen actual en El Salvador y de su máximo líder, es contradictorio, o más bien aparentemente contradictorio, ya que al ser más de los mismos, la utilización de ese mismo paraguas le queda y le sienta bien en correspondencia de su real esencia, que es ser más de los mismos, sin embargo, su habilidad ha residido, que al dominar la psicología de las masas, de las masas salvadoreñas, les ha hecho creer, aprovechando la ceguera y sordera, de estas masas, que está utilizando un paraguas político, ideológico y éticamente distinto al utilizado por los gobiernos de ARENA y del FMLN.

La fortaleza del régimen actual salvadoreño, reside precisamente en convencer a las masas salvadoreñas, que ha sido capaz de diseñar un paraguas político, ideológico y ético radicalmente distinto al utilizado por los gobiernos de ARENA y del FMLN, de tal forma que buena parte del pueblo salvadoreño, no se percate, que el paraguas desteñido y podrido utilizado tanto por ARENA y el FMLN, es el mismo paraguas utilizado por el régimen actual salvadoreño, de tal forma que la debilidad política, ideológica y ética de los gobiernos mencionados, se ha convertido paradójicamente, en la fortaleza del régimen bukelista.

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Desde el anterior planteamiento, se destaca, no sólo el engaño, sino que también la relatividad política, ideológica y ética, ya que el paraguas deteriorado y podrido que progresivamente fue dejando al descubierto el carácter corrupto de los gobiernos de ARENA y del FMLN, es el que le ha dado la fuerza necesaria al régimen actual en El Salvador, para no sólo seguir engañando a buena parte del pueblo salvadoreño, sino que también irse apoderando de todas las estructuras e instituciones del Estado salvadoreño y de las instituciones importantes en toda la sociedad, de tal forma que lo perfila como un régimen que estará en el poder la mayor cantidad no sólo de años sino de décadas posibles.

La idea antes expuesta, significa, que hasta que el pueblo salvadoreño quiera y aprenda a ver y escuchar la realidad y pensarla crítica y creativamente para su transformación radical, hasta que no decida, no sólo construir su paraguas, su nuevo paraguas político, ideológico y ético y decida además cerrar y quemar el anterior paraguas, y dejar al desnudo y al descubierto al actual régimen y a su máximo líder, éste seguirá en el poder por muchísimos años más, encubriéndose y encubriendo a todos sus súbditos genuflexos para protegerse y protegerlos de no ser procesados y encarcelados.

Vaya, pues, la anterior reflexión como un tributo a todos los mártires caídos en la Ofensiva “Hasta el tope” realizada y ejecutada a principios de noviembre de 1989 por el ejército histórico y revolucionario FMLN, así como también a los mártires de la UCA, quienes soñaron, sin traicionar sus ideales, con un país radicalmente distinto al que se tenía y lamentablemente se continúa teniendo. Mártires, que, estando muertos, continúan espiritualmente vivos, enseñando y exigiendo desde

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el más allá, a los que continuamos biológicamente vivos sobre la superficie de este pequeño país, a que despertemos, y que asumamos con responsabilidad revolucionaria, la transformación radical de las estructuras injustas que siguen imperando en El Salvador.

Noviembre/2022

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