Existencia espacial – temporal del ser humano y la palabra liberadora

Por: Francisco Quintanilla

Las concepciones filosóficas sobre el mundo y sobre el ser humano, en su mayoría a excepción de algunos atisbos filosóficos materialistas, en la antigüedad, fueron además de idealistas, dualistas, ya que consideraron, por una parte, en lo referente al mundo, que las ideas existieron antes que el mundo, y que por lo tanto, tenían una existencia independiente del mismo mundo, y por otra, en lo referente al ser humano, concibieron que éste estaba constituido de dos sustancias o elementos, el alma y el cuerpo, y que la primera tenía una existencia, además de anterior al cuerpo, con independencia del mismo.

Esta concepción filosófica idealista-dualista del mundo y del ser humano, fueron asimiladas y actualizadas tanto por filósofos de la edad media y varios de la edad moderna. En la edad media, por una especie de filosofía “cristiana” y en la edad moderna por la filosofía racionalista.

Este tipo de filosofía idealista-dualista, tanto en su versión original como en su expresión “cristiana” y racionalista, fue superada por la filosofía dialéctico-materialista creada y desarrollada por Karl Marx y Federico Engels. Esta filosofía, posee una concepción monista del universo, del mundo y de la vida humana.

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Esta concepción monista, concibe que el universo, que el mundo, que la vida humana, sus componentes forman además de una unidad, una unidad en constante movimiento e interacción dinámica. Pero en esta unidad que constantemente está moviéndose y sus componentes en interrelación, el mundo y el universo, existen con independencia y con anterioridad a las ideas, y, por lo tanto, esta últimas son secundarias, ya que, para su existencia, dependen por una parte de la existencia de los primeros y de la evolución de la materia más altamente organizada al menos en el planeta tierra, es decir, del cerebro humano.

Sin embargo, es necesario tomar en cuenta, que cuando se habla de la materia como una expresión concreta de existencia del universo y del mundo, es la materia más altamente organizada, el cerebro humano, quien, en su intento de comprender y explicar el universo y el mundo que le rodea, es quien, le atribuye a este universo y a este mundo, dos de sus propiedades más generales: el espacio y el tiempo.

En el lenguaje humano, estas dos propiedades, como categorías, el ser humano las yuxtapone o las intercepta, de tal forma que cuando habla del tiempo simultáneamente está hablando de espacio, y cuando habla de este segundo, habla del primero, sin embargo, ambas categorías o propiedades, no son iguales.

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El que el espacio y el tiempo, sean propiedades de la materia y del universo, que no se pueden entender una con independencia de la otra, no significa, que sean iguales.

Mientras, el espacio, expresa una forma de extensión de las cosas y de los fenómenos, el tiempo, refleja, la evolución y formas de existencia de las cosas, de los fenómenos en un momento determinado.

Resulta entonces, que, para percatarse, de la existencia de las cosas, de los fenómenos en un momento determinado, es decir, en un determinado tiempo, como propiedad de la materia y del universo, se necesitó, del surgimiento, de la manifestación más elevada y excelsa de la materia más altamente organizada (el cerebro humano), es decir, de la conciencia humana.

Es el ser humano con su conciencia, quien es el único ser vivo en el planeta tierra, quien tiene conciencia de la existencia de esas dos propiedades de la materia y del universo, es decir, del espacio y del tiempo.

Los demás seres vivos, a diferencia del ser humano, al no haber desarrollado la conciencia, su existencia, solo es en extensión, pero sin tener capacidad de percatarse de su ubicación temporal en la extensión. En otras palabras, el tiempo, sólo existe al menos en el planeta tierra, para el ser humano.

Siendo el ser humano, el único ser vivo, en el planeta tierra, quien tiene conciencia, tanto de su existencia espacial como

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temporal, es el único ser vivo, que tiene la posibilidad de tener conciencia al menos de tres cosas, primero, que es un ser caduco, es decir, que en un momento determinado va a morir; segundo, que su existencia espacial no necesariamente tiene que coincidir con su existencia temporal, y tercero, la trascendencia espacial del ser humano en el tiempo, depende fundamentalmente, de lo que hace y con lo que hace con su existencia.

Cuando alguien muere, puede ser que su fin como ser biológico coincida con su fin como ser social y espiritual. Esta coincidencia, se da cuando la vida del ser humano individual o grupal, se dedicó únicamente a comer, beber, a dormir, hacer pipí, popó, tener sexo y poseer un precioso celular inteligente maniobrado por un ser a quien le han robado su inteligencia y su conciencia, es decir, cuando su vida, no fue trascendente ni al espacio ni a su existencia como ser individual, cuando su vida se redujo únicamente a la satisfacción de las necesidades animales, que si dejar de ser humanas, no superan la animalidad. Este tipo de ser humano, su vida espiritual y social, al no trascender la animalidad, se terminó, se acabó con el fin de su vida biológica.

Pero cuando el que muere, su vida y su realización, va más allá de la satisfacción de sus necesidades bilógicas individuales y vivó luchando no sólo por la satisfacción de estas necesidades individuales, sino también por la satisfacción de las 4

necesidades espirituales y sociales de los demás, sobre todo de los más excluidos del planeta, su vida biológica en un determinado espació, trasciende la espacialidad y se extiende en la temporalidad. Estos son seres humanos, que, viviendo en un espacio determinado, en un momento dado y proyectándose en el futuro desde su pasado y desde su presente, fueron capaces con su espíritu luchador y comprometido con la liberación de las mayorías populares, con los más excluidos del planeta tierra y dejando una huella en la conciencia de esos excluidos, viajar y existir en el espacio y en el tiempo de los demás, volviendo, sin quererlo, su existencia, casi eterna. En este sentido su vida espiritual y social, trascendió y superó con creces su vida biológica, de tal forma, que, aunque hayan muerto biológicamente, siguen viviendo espiritualmente.

En este tipo de ser humano, la temporalidad, supera a la espacialidad; en otras palabras, su vida biológica se acaba con su muerte, pero su vida espiritual y social se extiende en la temporalidad, de tal forma que muriendo siguen viviendo, mientras que hay otros que, estando vivos biológicamente en el espacio, temporalmente ya están muertos.

El carácter monista de la existencia humana, quien reconoce que el cuerpo humano y su espíritu forman una unidad, acepta, que cuando el ser humano muere también muere, no sólo su cuerpo, sino que también su espíritu y su conciencia, pero también acepta y reconoce, que el ser humano como ser 5

individual, sólo existe en relación dinámica con los demás seres humanos, de tal suerte, que siendo una realidad no solo dinámica, y en relación, es una realidad abierta a los demás, con capacidad de verterse en los demás y lo demás en él. Entonces cuando muere, buena parte de su espíritu ya se vació en los demás, y, por lo tanto, espiritualmente continuará existiendo.

Esta influencia por medio de verterse en los demás, puede ser positiva o negativa, es decir, puede contribuir en la realización liberadora de los demás o en la realización esclavizadora de los demás, ya sea por acción o por omisión, con conciencia o sin ella. En este sentido, cuando alguien muere biológicamente, su continuidad o no de su existencia espiritual, dependerá, de cuan profunda haya sido la huella que dejó en la conciencia de los demás; sino no dejó huella alguna, o peor si dejó huella profundamente negativa, pues su vida espiritual morirá con la muerte de su vida biológica, pero si por el contrario, la huella que dejó en los demás, fue trascendentalmente positiva, su vida espiritual trascenderá y superará con creces su vida biológica, y seguirá viviendo aunque haya muerto biológicamente.

Hay dos formas fundamentales de verterse positivamente en los demás, mediante las acciones y mediante las palabras liberadoras; acciones y palabras liberadoras que, al conjugarse, constituyen la praxis liberadora.

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Las acciones y palabras que contribuyen a la liberación de los demás, y sobre todo de los más oprimidos y excluidos de este mundo, si bien ocurren en un lugar o espació determinado, tienen la cualidad, de trascender y superar las fronteras del espacio, y envueltas en cuantos o fotones de luz, se dispersan en el tiempo, haciendo de su existencia como de quién o quiénes las produjeron, una existencia, casi eterna.

El encarcelamiento, la expulsión de un país determinado o en el peor de ellos casos el asesinato de alguien en particular por ser considerado peligroso por parte de un gobernante o gobierno específico, son acontecimientos o sucesos que contribuyen a que una persona individual o grupal dejen de ser una expresión extensiva de un espacio específico y en un espacio determinado, pero, no pueden impedir que continúen su espíritu y su palabra existiendo en el tiempo y en la conciencia de los demás en los que dejaron o continúan dejado su huella liberadora. En este sentido, cuando el que tiene el poder, cree equivocadamente, que, encarcelando, expulsando o asesinado a sus opositores, logrará callar a su palabra liberadora, no hay duda que no entiende que la existencia biológica de un ser humano, tiene la posibilidad de superar los límites espaciales y trascender los temporales.

Ejemplos, abundan en toda América Latina en general y en El Salvador en particular, de cuanta gente fue asesinada por sus ideales, por sus acciones y palabras revolucionarias. Ellos y 7

ellas fueron asesinados (as) biológicamente, pero su espíritu revolucionario, mediante su acciones y palabras liberadoras al verterse en la conciencia de muchos, han logrado, sobrevivir en el tiempo y, por lo tanto, en el espacio de futuras generaciones.

Emiliano Zapata, Ernesto Guevara, César Sandino, Farabundo Martí, Allende, San Oscar Arnulfo Romero, Fidel Castro y como ellos miles de revolucionarios, que murieron luchando desde sus trincheras específicas, por la liberación de todos los pueblos oprimidos del mundo, pero murieron biológicamente, dejaron de ser como personas una extensión de un espacio determinado, pero espiritualmente siguen viviendo en el tiempo y en el espacio donde viven y logran la supervivencia centenas de miles de oprimidos del mundo.

El gobierno actual de El Salvador como en otros países de América Latina, pretenden callar la palabra liberadora y las acciones liberadoras, persiguiendo, procesando judicialmente, amenazando, o expulsando del país a personas como el periodista mexicano, que se ha atrevido a poner al descubierto mediante la palabra liberadora o desideologizadora, producto de sendas investigaciones, la corrupción de varios funcionarios del gobierno del presidente Bukele en particular y del mismo gobierno en general.

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Pero como se ha planteado en esta reflexión, el gobierno actual de El Salvador, podrá evitar que las personas que se atrevan a cuestionarlo y a denunciar su corrupción, a que ocupen y se extiendan como cuerpos o como organismos biológicos en el espacio salvadoreño, pero le resultará imposible, a que se extiendan con su palabra liberadora, en el tiempo en el cual trascurre la vida de los salvadoreños (as) y sobre todo de las mayorías excluidas que actualmente están dormidas y adormecidas, como consecuencia, hay razones de sobra del gobierno de El Salvador, de perseguir, intimidar, amenazar, encarcelar o expulsar del país, a todos aquellos, que aparte de destaparle su corrupción, pretendan despertar de un sólo tajo al pueblo salvadoreño que se encuentra dormido e hipnotizado por los malabares del presidente salvadoreño.

16/07/2021

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Por: Francisco Quintanilla

Las concepciones filosóficas sobre el mundo y sobre el ser humano, en su mayoría a excepción de algunos atisbos filosóficos materialistas, en la antigüedad, fueron además de idealistas, dualistas, ya que consideraron, por una parte, en lo referente al mundo, que las ideas existieron antes que el mundo, y que por lo tanto, tenían una existencia independiente del mismo mundo, y por otra, en lo referente al ser humano, concibieron que éste estaba constituido de dos sustancias o elementos, el alma y el cuerpo, y que la primera tenía una existencia, además de anterior al cuerpo, con independencia del mismo.

Esta concepción filosófica idealista-dualista del mundo y del ser humano, fueron asimiladas y actualizadas tanto por filósofos de la edad media y varios de la edad moderna. En la edad media, por una especie de filosofía “cristiana” y en la edad moderna por la filosofía racionalista.

Este tipo de filosofía idealista-dualista, tanto en su versión original como en su expresión “cristiana” y racionalista, fue superada por la filosofía dialéctico-materialista creada y desarrollada por Karl Marx y Federico Engels. Esta filosofía, posee una concepción monista del universo, del mundo y de la vida humana.

Esta concepción monista, concibe que el universo, que el mundo, que la vida humana, sus componentes forman además de una unidad, una unidad en constante movimiento e interacción dinámica. Pero en esta unidad que constantemente está moviéndose y sus componentes en interrelación, el mundo y el universo, existen con independencia y con anterioridad a las ideas, y, por lo tanto, esta últimas son secundarias, ya que, para su existencia, dependen por una parte de la existencia de los primeros y de la evolución de la materia más altamente organizada al menos en el planeta tierra, es decir, del cerebro humano.

Sin embargo, es necesario tomar en cuenta, que cuando se habla de la materia como una expresión concreta de existencia del universo y del mundo, es la materia más altamente organizada, el cerebro humano, quien, en su intento de comprender y explicar el universo y el mundo que le rodea, es quien, le atribuye a este universo y a este mundo, dos de sus propiedades más generales: el espacio y el tiempo.

En el lenguaje humano, estas dos propiedades, como categorías, el ser humano las yuxtapone o las intercepta, de tal forma que cuando habla del tiempo simultáneamente está hablando de espacio, y cuando habla de este segundo, habla del primero, sin embargo, ambas categorías o propiedades, no son iguales.

El que el espacio y el tiempo, sean propiedades de la materia y del universo, que no se pueden entender una con independencia de la otra, no significa, que sean iguales.

Mientras, el espacio, expresa una forma de extensión de las cosas y de los fenómenos, el tiempo, refleja, la evolución y formas de existencia de las cosas, de los fenómenos en un momento determinado.

Resulta entonces, que, para percatarse, de la existencia de las cosas, de los fenómenos en un momento determinado, es decir, en un determinado tiempo, como propiedad de la materia y del universo, se necesitó, del surgimiento, de la manifestación más elevada y excelsa de la materia más altamente organizada (el cerebro humano), es decir, de la conciencia humana.

Es el ser humano con su conciencia, quien es el único ser vivo en el planeta tierra, quien tiene conciencia de la existencia de esas dos propiedades de la materia y del universo, es decir, del espacio y del tiempo.

Los demás seres vivos, a diferencia del ser humano, al no haber desarrollado la conciencia, su existencia, solo es en extensión, pero sin tener capacidad de percatarse de su ubicación temporal en la extensión. En otras palabras, el tiempo, sólo existe al menos en el planeta tierra, para el ser humano.

Siendo el ser humano, el único ser vivo, en el planeta tierra, quien tiene conciencia, tanto de su existencia espacial como temporal, es el único ser vivo, que tiene la posibilidad de tener conciencia al menos de tres cosas, primero, que es un ser caduco, es decir, que en un momento determinado va a morir; segundo, que su existencia espacial no necesariamente tiene que coincidir con su existencia temporal, y tercero, la trascendencia espacial del ser humano en el tiempo, depende fundamentalmente, de lo que hace y con lo que hace con su existencia.

Cuando alguien muere, puede ser que su fin como ser biológico coincida con su fin como ser social y espiritual. Esta coincidencia, se da cuando la vida del ser humano individual o grupal, se dedicó únicamente a comer, beber, a dormir, hacer pipí, popó, tener sexo y poseer un precioso celular inteligente maniobrado por un ser a quien le han robado su inteligencia y su conciencia, es decir, cuando su vida, no fue trascendente ni al espacio ni a su existencia como ser individual, cuando su vida se redujo únicamente a la satisfacción de las necesidades animales, que si dejar de ser humanas, no superan la animalidad. Este tipo de ser humano, su vida espiritual y social, al no trascender la animalidad, se terminó, se acabó con el fin de su vida biológica.

Pero cuando el que muere, su vida y su realización, va más allá de la satisfacción de sus necesidades bilógicas individuales y vivó luchando no sólo por la satisfacción de estas necesidades individuales, sino también por la satisfacción de las necesidades espirituales y sociales de los demás, sobre todo de los más excluidos del planeta, su vida biológica en un determinado espació, trasciende la espacialidad y se extiende en la temporalidad.

Estos son seres humanos, que, viviendo en un espacio determinado, en un momento dado y proyectándose en el futuro desde su pasado y desde su presente, fueron capaces con su espíritu luchador y comprometido con la liberación de las mayorías populares, con los más excluidos del planeta tierra y dejando una huella en la conciencia de esos excluidos, viajar y existir en el espacio y en el tiempo de los demás, volviendo, sin quererlo, su existencia, casi eterna. En este sentido su vida espiritual y social, trascendió y superó con creces su vida biológica, de tal forma, que, aunque hayan muerto biológicamente, siguen viviendo espiritualmente.

En este tipo de ser humano, la temporalidad, supera a la espacialidad; en otras palabras, su vida biológica se acaba con su muerte, pero su vida espiritual y social se extiende en la temporalidad, de tal forma que muriendo siguen viviendo, mientras que hay otros que, estando vivos biológicamente en el espacio, temporalmente ya están muertos.

El carácter monista de la existencia humana, quien reconoce que el cuerpo humano y su espíritu forman una unidad, acepta, que cuando el ser humano muere también muere, no sólo su cuerpo, sino que también su espíritu y su conciencia, pero también acepta y reconoce, que el ser humano como ser 5

individual, sólo existe en relación dinámica con los demás seres humanos, de tal suerte, que siendo una realidad no solo dinámica, y en relación, es una realidad abierta a los demás, con capacidad de verterse en los demás y lo demás en él. Entonces cuando muere, buena parte de su espíritu ya se vació en los demás, y, por lo tanto, espiritualmente continuará existiendo.

Esta influencia por medio de verterse en los demás, puede ser positiva o negativa, es decir, puede contribuir en la realización liberadora de los demás o en la realización esclavizadora de los demás, ya sea por acción o por omisión, con conciencia o sin ella. En este sentido, cuando alguien muere biológicamente, su continuidad o no de su existencia espiritual, dependerá, de cuan profunda haya sido la huella que dejó en la conciencia de los demás; sino no dejó huella alguna, o peor si dejó huella profundamente negativa, pues su vida espiritual morirá con la muerte de su vida biológica, pero si por el contrario, la huella que dejó en los demás, fue trascendentalmente positiva, su vida espiritual trascenderá y superará con creces su vida biológica, y seguirá viviendo aunque haya muerto biológicamente.

Hay dos formas fundamentales de verterse positivamente en los demás, mediante las acciones y mediante las palabras liberadoras; acciones y palabras liberadoras que, al conjugarse, constituyen la praxis liberadora.

Las acciones y palabras que contribuyen a la liberación de los demás, y sobre todo de los más oprimidos y excluidos de este mundo, si bien ocurren en un lugar o espació determinado, tienen la cualidad, de trascender y superar las fronteras del espacio, y envueltas en cuantos o fotones de luz, se dispersan en el tiempo, haciendo de su existencia como de quién o quiénes las produjeron, una existencia, casi eterna.

El encarcelamiento, la expulsión de un país determinado o en el peor de ellos casos el asesinato de alguien en particular por ser considerado peligroso por parte de un gobernante o gobierno específico, son acontecimientos o sucesos que contribuyen a que una persona individual o grupal dejen de ser una expresión extensiva de un espacio específico y en un espacio determinado, pero, no pueden impedir que continúen su espíritu y su palabra existiendo en el tiempo y en la conciencia de los demás en los que dejaron o continúan dejado su huella liberadora. En este sentido, cuando el que tiene el poder, cree equivocadamente, que, encarcelando, expulsando o asesinado a sus opositores, logrará callar a su palabra liberadora, no hay duda que no entiende que la existencia biológica de un ser humano, tiene la posibilidad de superar los límites espaciales y trascender los temporales.

Ejemplos, abundan en toda América Latina en general y en El Salvador en particular, de cuanta gente fue asesinada por sus ideales, por sus acciones y palabras revolucionarias. Ellos y ellas fueron asesinados (as) biológicamente, pero su espíritu revolucionario, mediante su acciones y palabras liberadoras al verterse en la conciencia de muchos, han logrado, sobrevivir en el tiempo y, por lo tanto, en el espacio de futuras generaciones.

Emiliano Zapata, Ernesto Guevara, César Sandino, Farabundo Martí, Allende, San Oscar Arnulfo Romero, Fidel Castro y como ellos miles de revolucionarios, que murieron luchando desde sus trincheras específicas, por la liberación de todos los pueblos oprimidos del mundo, pero murieron biológicamente, dejaron de ser como personas una extensión de un espacio determinado, pero espiritualmente siguen viviendo en el tiempo y en el espacio donde viven y logran la supervivencia centenas de miles de oprimidos del mundo.

El gobierno actual de El Salvador como en otros países de América Latina, pretenden callar la palabra liberadora y las acciones liberadoras, persiguiendo, procesando judicialmente, amenazando, o expulsando del país a personas como el periodista mexicano, que se ha atrevido a poner al descubierto mediante la palabra liberadora o desideologizadora, producto de sendas investigaciones, la corrupción de varios funcionarios del gobierno del presidente Bukele en particular y del mismo gobierno en general.

Pero como se ha planteado en esta reflexión, el gobierno actual de El Salvador, podrá evitar que las personas que se atrevan a cuestionarlo y a denunciar su corrupción, a que ocupen y se extiendan como cuerpos o como organismos biológicos en el espacio salvadoreño, pero le resultará imposible, a que se extiendan con su palabra liberadora, en el tiempo en el cual trascurre la vida de los salvadoreños (as) y sobre todo de las mayorías excluidas que actualmente están dormidas y adormecidas, como consecuencia, hay razones de sobra del gobierno de El Salvador, de perseguir, intimidar, amenazar, encarcelar o expulsar del país, a todos aquellos, que aparte de destaparle su corrupción, pretendan despertar de un sólo tajo al pueblo salvadoreño que se encuentra dormido e hipnotizado por los malabares del presidente salvadoreño.

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