Interacciones, pandemia y educación


Por: Francisco Quintanilla
En la tercera semana, que se celebra el día de la filosofía, pero del año de 1989, un día jueves 16, ocurrió el asesinato de un grupo de sacerdotes jesuitas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), dentro de los que se destacaron por su producción académica al servicio de las mayorías populares, el sociólogo Segundo Montes, el psicólogo

social Ignacio Martín-Baró y el filósofo Ignacio Ellacuría.

Según la UNESCO, el tercer jueves de noviembre, se declara y se celebra el día de la filosofía, reconociéndose la importancia del arte de pensar, de filosofar sobre los grandes problemas que le abanten en cada momento histórico a la humanidad.

Haciendo alusión, a esa necesidad y a ese arte de pensar sobre los grandes problemas que padece la humanidad, se hace en este documento, un intento de reflexionar, sobre las formas en que los seres humanos en general, y los actores de los sistemas educativos en particular, se han visto obligados a interactuar en el marco de la pandemia del COVID-19.

A mediados de la década de los 90 del siglo recién pasado, escribí una reflexión que nunca difundí; esta reflexión, se titula, “Imaginado el sistema educativo de finales del siglo XXI”, en esta reflexión, intenté imaginarme cómo sería la educación cien años después, y sostenía que poco a poco, las maquinas iban

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ir sustituyendo a cada uno de los actores principales del proceso educativo.

Sostuve en esa reflexión, que el primero en ser sustituido por una máquina, sería el trabajador administrativo, luego el docente, quedándose en esta relación educativa, únicamente el educando interactuando con un holograma que se proyectaba en una máquina. También sostuve, que ya para el siglo veintidós, incluso el educando sería sustituido por las máquinas, convirtiéndose el proceso educativo, en un proceso completamente impersonal, diluyéndose en él, la sensibilidad humana. En otras palabras, lo propiamente humano, con el transcurrir de los años y de las décadas, se mecanizaría a tal grado de robotizarse.

En esta reflexión, pretendo, en forma profundamente atrevida, sostener, que una de los efectos e impactos de la pandemia del covid-19 no sólo en el sistema educativo nacional salvadoreño, sino que también en el mundial, es el aceleramiento, de la sustitución de lo humano propiamente dicho, por una de sus producciones, que, a pesar de ser una creación humana, contradictoriamente, lleva dentro de sí, la erosión progresiva del sentimiento y sensibilidad humana por lo humano. Para este propósito, recurro a hacer una valoración crítica de los procesos de interacción humana.

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Las interacciones entre las personas pueden clasificarse en la actualidad en dos grandes categorías: directas e indirectas.

Las interacciones directas, que fueron las que prevalecieron entre las personas y dentro de las comunidades de la década de los 80 del siglo veinte para atrás, se caracterizan fundamentalmente porque se realizan entre las personas cara a cara, son inmediatas y que pueden en muchos casos estar cargadas de mucha afectividad.

Este tipo de interacciones o relaciones humanas, son las que se constituyen según Marx, en la fuente de donde surge la esencia humana, tal como lo sostiene en la sexta tesis sobre Feuerbach. Siendo la fuente de la esencia humana, es decir, siendo la fuente de su naturaleza social, posibilitan creativamente, por una parte, la formación y construcción dinámica de la personalidad humana individual y social y por otra, el hacer humano dentro del mundo de lo humano y no fuera de este mundo.

Este tipo de interacciones o relaciones humanas, son las que posibilitaron que nuestros abuelos, bisabuelos y generaciones pasadas en diferentes culturas y sistemas económicos, desarrollaran lazos psicosociales de cercanía hasta dar origen a la comunidad del vecindario.

En esta comunidad del vecindario, con todos sus defectos, como es característico de todo lo humano, en las interacciones

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de sus miembros y en su comunicación directa, eran ineludible cuatro palabras mágicas: el saludo (buen día, buena tarde, buena noche), por favor, muchas gracias y de nada.

Las interacciones directas sobre todo entre los miembros de la comunidad del vecindario, permitían que el distanciamiento no sólo físico, sino que, sobre todo el social, fuera muy estrecho, muy cercano psicosocialmente hablando. En este sentido, este tipo de interacciones, eran personales, de tal forma que permitían generar las condiciones para enriquecer lo espiritual, el amor y el respeto por los demás.

De la década de los 90 para acá, con el desarrollo acelerado de la tecnología en el campo de las comunicaciones, poco a poco, las interacciones directas, es decir, las interacciones personales, comenzaron a ser no sólo complementadas sino sustituidas por las interacciones indirectas.

Las interacciones indirectas, se caracterizan en primer lugar, fundamentalmente, por ser mediatas, es decir, que las personas interactúan entre sí, ya no cara a cara, sino utilizando entre ellas un medio, un dispositivo, que, al principio, fueron fijos, y luego, móviles, dado las necesidades enriquecedoras del gran mercado capitalista.

Del carácter mediato de estas interacciones, se desprende, la segunda característica, el ser impersonales, ya que, al estar dichas interacciones mediadas por un dispositivo tecnológico,

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las relaciones entre las personas se van volviendo cada vez más frías, más insensibles, más mecánicas y más pragmáticas.

Una tercera característica, vinculada directamente con la anterior, es que, del carácter impersonal de tales interacciones, se acelera, como proceso enajenador y alienador, la despersonalización de sus interactuantes, reduciéndose los interactuantes, a una cosa.

Una cuarta característica de este tipo de interacciones, es que, aumentan, sobre todo, la distancia psicosocial entre las personas que se encuentra físicamente muy cercanos.

De este aumento de la distancia psicosocial ente las personas, de su carácter impersonal y de la despersonalización progresiva de sus interactuantes, llevan, a que se rompa y se haya roto, hasta prácticamente desaparecer, la comunidad del vecindario. Las comunidades vecindarios, se han trasformado, en simples colonias, donde cada persona y cada familia viven una cerca o a la par de otras; esta cercanía sólo es física o geográfica, pero distanciados psicosocialmente.

Una quinta característica, es que, una vez diluida las comunidades vecindarios, las cuatro palabras mágicas, a que se hizo mención anteriormente, ya casi desaparecieron totalmente. Los jóvenes en particular y demás personas en general, ya no saludan, no piden por favor, ni agradecen, simplemente actúan, aproximándose a una máquina.

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Caracterizadas en términos generales las interacciones directas como indirectas, se pasa a valorar, uno de los tantos impactos ocurridos en el sistema educativo, es decir, en la educación formal, de países como El Salvador, producto de la pandemia del COVID-19.

A parte, de lo que afirman muchos analistas a nivel nacional y mundial, de que todos los gobiernos de todos los países del mundo, desarrollados y no digamos empobrecidos como los latinoamericanos, de que no estaban preparados para ajustar sus sistemas educativos tanto en infraestructuras y herramientas tecnológicas como en capacidades, a la dinámica impuesta por la pandemia del COVID-19, se valora en esta reflexión el impacto, en las interacciones entre los miembros de las comunidades educativas en todos sus niveles.

La pandemia del COVID-19, obligó a todos los gobiernos, a que el sistema educativo en todos sus niveles siguiera funcionando por periodos cortos en algunos países y por periodos más o menos largos en otros países como El Salvador, en forma virtual.

Esta virtualidad que asumió los diferentes sistemas educativos, en forma más abrupta en los países latinoamericanos que en los países desarrollados, que aparte, como se dijo anteriormente, de no estar preparados ni en infraestructura y herramientas tecnológicas ni en capacidades, trastocó las

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interacciones directas que se venían desarrollando entre los diferentes actores, por ejemplo, en las clases presenciales, en los trabajos grupales o en las asesorías de tesis o de investigaciones académicas.

De las relaciones o interacciones directas que se producían y en las que se generaba el proceso educativo, se pasa no en forma progresiva, sino que, de golpe, a las interacciones indirectas, que como ya se sostuvo anteriormente, son relaciones, que además de ser mediatas, conducen a un aumento de la distancia psicosocial, a la ruptura de la comunidad vecindario, en este caso, a la ruptura de la comunidad educativa y a una despersonalización de sus interactuantes.

Este distanciamiento, que no precisamente puede ser físico, sino que psicosocial, lleva a sus interactuantes (alumnos, maestros y administrativos) a convertirse en seres insensibles al dolor y preocupaciones ajenas, a convertirse en profundos egoístas reducidos a especies de partículas que se mueven en un espacio euclidiano que nunca se entrecruzan, ni mucho menos se enlazan.

Hay que destacar, bajo el anterior panorama, que las interacciones indirectas, es decir, las que se producen mediadas por un dispositivo tecnológico, no son malas ni dañinas por sí mismas, el problema reside, más bien, por una

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parte, en que este tipo de interacciones sustituyan y sobrepasen los límites de las interacciones directas, que son las interacciones, donde verdaderamente el ser humano desarrolla su naturaleza social, convirtiendo al ser humano en una isla, progresivamente alejándose de los demás miembros de su especie, y reduciendo a sus interactuantes a una vida escandalosamente animal, que sin dejar de ser humana, no se pude reducir a ella, con el agravante, que las interacciones indirectas, sin que el ser humano individual y grupal se dé cuenta, lo convierte, no sólo en un animal, sino que en un animal-máquina; un animal-maquina, cuya vida y cuyo horizonte, cuaja perfectamente con el horizonte y con las exigencias del sistema capitalista, es decir, un animal- maquina, cuya realización se reduce a dormir, comer, hacer pipí, popó, tener sexo, y si se descuida se reproduce, dejando en el olvido, su capacidad urgente de transformar las realidades injustas para beneficio de todos los miembros de su especie y en particular de los más injustamente excluidos por el sistema social y económico capitalista.

En otras palabras, las interacciones indirectas, y su casi absolutización en los sistemas educativos nacionales, ha llevado sobre todo a los educandos, de la que tampoco se salvan los educadores, a enajenar y alienar su personalidad con todos los procesos cognitivos, afectivos y volitivos que ella involucra e implica.

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Enajenada y alienada a grados inimaginables la personalidad de los actores principales del sistema educativo, embebidos y absorbidos en y por las relaciones o interacciones indirectas, viven y asimilan la educación formal, no como un proceso formativo, de su personalidad y de sus convicciones comprometidas con las mayorías populares, que ya no les pertenece, sino como un proceso frio o como una condición necesaria para insertarse como una maquina productiva a la lógica del mercado.

Para cerrar esta reflexión, hago alusión a la idea que muchos educadores comparten, y es que, si bien es cierto, la educación virtual, es algo que existe y es indetenible su desarrollo y expansión, nunca, la educación virtual, será mejor que la educación presencial, por lo que nunca las interacciones indirectas entre maestro y educando, serán mejores que las interacciones directas, ya que de estas últimas y en estas se desarrolla y se pone en juego, la esencia humana: su naturaleza social.

Las interacciones indirectas, a que se han visto obligados actualmente los diferentes actores de los sistemas educativos a nivel nacional y mundial, han ido progresivamente diluyendo, erosionando, deshumanizando, aquellas interacciones directas en las que grandes filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles, cultivaron en sus discípulos no sólo las virtudes

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humanas, sino, que también la capacidad de pensar y cuestionar la realidad en forma crítica y creativa.

10/11/2020.

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