Desafío: lograr más democracia

Ambos bloques son ahora víctimas y presas de sus oscuros pasados. Nunca parecen haber aprendido que esconder la basura debajo de la alfombra era un mal e hipócrita proceder que les estallaría en sus rostros

El año 2019 marcó un cambio sustancial en la política salvadoreña que se creyó que nunca iba a llegar. Desde el final del conflicto armado, las facciones tradicionales de derecha e izquierda (representados en ARENA y sus aliados PCN y PDC, así como el FMLN), sufrieron una estrepitante derrota en las urnas (en las llamadas intermedias: de alcaldes y diputados, y en las presidenciales).

El poder establecido en más de 30 años fue, no estremecido, sino derrumbado. La mayor parte de ese golpe lo sufre en un principio el FMLN, que decía representar los intereses populares, pero las causas de su fracaso tienen que ver más con vicios que siempre tuvo la derecha, que a una mala estrategia o administración izquierdista. 

El FMLN continúa, pese a los cambios que ha tenido, sin hacerse la autocrítica que necesita para reconocer que gran parte de lo que fue su liderazgo en 10 años de gobierno, cometieron presuntos desmanes y se les acusa de graves delitos. Todo ello ha hecho mella en el alma, en la ética y en la moral de sus bases históricas y de la base social que se sacrificó en los años del conflicto armado.

No se puede entender la inmensa victoria de Bukele en las urnas si las bases del FMLN no hubieran abandonado a su liderazgo y votaran por el nuevo poder emergente.  Esto lo tiene que saber el que ha llegado a la cúspide y tienen que reconocerlo los perdedores, porque no el lo mismo el “FMLN” que la cúpula del “FMLN”.

En ARENA el pantano que tiene bajo sus pies no es menos dramático. “A cada paso se hunde el lodo”, como dice un verso de un poema de Silvio Rodríguez, pero a diferencia del FMLN, en ARENA hay una disidencia  interna que puja (aunque quizás no lo logre), por el nacimiento o recuperación del origen arenero… Aunque es algo que no volverá.

Ambos bloques son ahora víctimas y presas de sus oscuros pasados. Nunca parece haber aprendido que esconder la basura debajo de la alfombra era un mal e hipócrita proceder que les estallaría en sus rostros, como es el caso de la sostenida impunidad histórica. 

El 2020 puja y puja por verdaderos cambios. El nuevo liderazgo tiene como desafío principal el procurarle a El Salvador cada vez una mejor dotada democracia. Si hay una verdadera y real democracia nuestros males los vamos a resolver en mejores condiciones y con la participación fuerte de todos los sectores sociales. Y eso es el desafío del porvenir próximo.

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