La deshumanización, síntoma del Siglo XXI

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Foto: Internet

Nos estamos convirtiendo en autómatas, seres que van “a lo suyo” y “pasan de largo todo lo demás”

Hace algunos días leía una entrevista en el periódico español El País al neurólogo portugués Antonio Damasio. En ella, el profesor de la Universidad del Sur de California abordaba un tema fascinante: los sentimientos. Lamentablemente para muchos -sostiene el catedrático-, la inteligencia es más importante que el sentimiento, especialmente para aquellos que no vienen de las humanidades o las artes y sí de las ciencias y la tecnología.

Coincido con esa visión. Definitivamente, somos menos sensibles que antes. La proliferación de los medios de comunicación con sus imágenes descarnadas ha hecho que se una el morbo natural en el ser humano con la costumbre de ver cada día imágenes y sucesos más desgarradores con la lejanía de nuestra realidad. “Eso le pasa a otros, no a mí….” Nos impacta, pero nos vamos acostumbrando, pues el bombardeo de noticias e imágenes hace que la mente se vaya acostumbrando y así perdemos nuestra capacidad de sentirlo. Algo parecido pasa con la violencia: nos vamos acomodando a sus manifestaciones, aunque por otro lado parece que hay más énfasis por erradicarla.

Y así, de a poco nos estamos convirtiendo en autómatas, seres que van “a lo suyo” y “pasan de largo todo lo demás”. Son comunes imágenes de gente pasando al lado de seres humanos sufriendo, muriéndose o siendo atacados, y lo hacen con una total indiferencia. Somos como autómatas, ya sea por prisa, por no meternos en problemas, por desinterés o simplemente por distracción… Cualquier sea de las cuatro razones, es preocupante. Vamos en nuestro mundito, nuestra zona de confort, como los caballos con orejeras. Solo vemos hacia dónde vamos.

En la entrevista, Antonio Damasio también habla de los primeros organismos. Y ahí también coincido, ya que los primeros organismos hacían vida comunitaria y de autoayuda. Eran parte de ciclos integrados de trabajos dirigidos al mantenimiento de las especies. Eso aún lo vemos en la simbiosis de algunas plantas, en la vida de las abejas y las hormigas. Los seres humanos, cuanto más difícil es la vida y los recursos o por la falla educativa de la sociedad, se viven poniendo zancadillas para que el otro no avance, aunque esto signifique perder algo ellos. (ver Los Cangrejos, en esta misma página de blogs).

Por eso insisto que los sentimientos están devaluados. Cada vez estoy más convencida que las computadoras nos reemplazarán en un futuro no muy lejano. De hecho, las máquinas ya hacen muchos trabajos mecánicos y repetitivos, pero empiezan a crear seres computarizados con sentimientos también. Pero los sentimientos no están devaluados sólo por la tecnología sino por la respuesta humana a las mismas.

Cada día es más común hablar de la deshumanización de la sociedad, incluso hay personas que llegan a decir que los mal llamados animales son más humanos que nosotros, las personas. Y esto no es solo porque las máquinas no pueden reemplazar sino porque por encima de los sentimientos está el valor del dinero como bien máximo y la avaricia de no conformarse con tener algo: siempre queremos algo mejor, o más moderno, o más joven, o más sofisticado o más caro. En síntesis, la deshumanización es el síntoma del Siglo XXI.

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