Uruguay recibirá refugiados salvadoreños

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Foto: Archivo ContraPunto

El gobierno uruguayo ultima detalles para recibir a cinco familias este año y otras cinco durante el 2018

Es uno de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, la zona “más peligrosa del mundo”. En El Salvador son asesinadas 19 personas por día, dos de ellas por razones de género, el resto por las maras, las drogas, los paramilitares o por el simple hecho de resolverlo todo con la muerte. En los últimos años hubo poblados rurales enteros que fueron arrasados por la violencia y algunos de sus sobrevivientes, unos 50 salvadoreños, buscarán su cobijo en Uruguay.

La cantidad de refugiados y solicitantes de asilo, al término del año pasado, equivale a la huida masiva de casi todos los vecinos de Soriano: más de 79 mil. La elevada cifra no contempla a los desplazados internos en este país centroamericano, al que los indígenas consideraban “la cuna de las joyas”.

Darles refugio a algunas de estas personas “sería un costo mínimo para el Estado uruguayo y un gran gesto humanitario”, dijo a El País una fuente de Cancillería, quien confirmó el interés del gobierno para traer cinco familias antes de fin de año y otras cinco en 2018.

El Ministerio de Relaciones Exteriores está a la espera de que el Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural (Mevir) confirme la cantidad de casas disponibles. La Cancillería se hará cargo del pago del alquiler por dos años (a un costo de $ 1.500 mensuales) y los beneficiarios deberán demostrar sus conocimientos de las labores de campo. En promedio, señaló la fuente, “serán familias compuestas por dos adultos con posibilidades de trabajar y unos tres niños”.

Esta movida se venía manejando desde hacía meses, pero la conflictiva recepción de las familias sirias, que repercutió negativamente en la opinión pública, hizo que el tema se mantuviera en absoluta reserva. De hecho las autoridades se empeñaron en dejar en claro que “no habrá una partida de dinero (de $ 30 mil) como con los sirios, sino que será un proceso similar a la acogida de los refugiados colombianos (que están en San José y Florida)”.

Las cuatro familias colombianas que llegaron entre 2013 y 2014 ya estaban asentadas en Ecuador, a la espera de un refugio seguro, cuando fueron captadas por el gobierno uruguayo. Los sirios fueron traídos desde el Líbano. Pero en el caso de los salvadoreños, el interés del Ejecutivo es que puedan estar todavía en El Salvador por los “enormes desplazamientos internos”.

Aún no hay cifras oficiales de la migración interna forzada en El Salvador. Pero en Honduras, otros de los integrantes junto a Guatemala del Triángulo Norte, hubo más de 174 mil el año pasado. Muchos de ellos son niños huérfanos, quienes escapan sin rumbo cierto. De hecho hubo 64 mil pequeños interceptados en la frontera sur de Estados Unidos, luego de una fuga vía México, contabilizó la agencia de Naciones Unidas para los refugiados (Acnur).

En principio, Uruguay no aceptaría los casos de niños sin destino ni de los más de 52.560 salvadoreños, de todas las edades, que fueron deportados el año pasado. Entre aquellos expulsados de Estados Unidos durante 2016, hubo dos exmilitares que ocuparon el cargo de ministro de Defensa durante el conflicto armado y a quienes se los acusa de cometer violaciones de derechos humanos en la década de 1980.

En todo caso, la selección de las diez familias que vendrán (aunque pueda haber alguna más en 2019) se basará en la recomendación de Acnur.

Aun así, el gobierno planea que, una vez llegadas las personas al país y luego de oficializar el trámite de refugio, se les asigne un referente social en el departamento donde serán radicados. Las oficinas territoriales del Mides tendrán a cargo esta tarea, para evitar, de este modo, que el proceso de inserción se vea quebrantado. El uso de este servicio permitirá además, dijo la fuente de Cancillería, que “los refugiados puedan estar en cualquier rincón del país y no tengan que estar, como siempre, cerca de las oficinas de Montevideo”.

El plan por el que llegarán las familias salvadoreñas se llama, oficialmente, “reasentamiento”. Tiene la particularidad de que un gobierno pide, por moción propia, acoger a un número de refugiados. Aunque algo así ocurrió en el caso de los seis exreclusos de Guantánamo, se trató de un proceso “diferente” que fue negociado directamente con Estados Unidos.

A tal punto fue particular que los entendidos del instituto de Antropología de Udelar habían tildado esta movida es “improvisada” y “un verdadero fracaso”.

Este antecedente no es lo único que pesa en parte del Ejecutivo para acelerar, o enlentecer, la llegada de los salvadoreños. El 45% de los uruguayos cree que la inmigración es una mala noticia para el país, según una investigación de Martín Koolhas y Sofía Robaina (Udelar). Esta encuesta, aún no divulgada en su totalidad, viene a derribar un mito justo cuando las diferencias de acentos se están haciendo notar.

Inmigrantes advierten por discriminación.

De los 584 casos que la Institución Nacional de Derechos Humanos recibió el año pasado, 152 correspondieron a denuncias por vulneración de derechos. De ellas, una de cada tres fue por discriminación. Además de cuestiones de identidad sexual y discapacidad, la intolerancia por tratarse de migrantes figura entre las quejas más frecuentes. Estos datos son parte de los reportes que el Estado y la sociedad civil entregaron a las Naciones Unidas, para analizar el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Representantes del Ejecutivo están en Ginebra, Suiza, porque los próximos miércoles y jueves Uruguay deberán exponer (y defender) el trabajo hecho en materia de derechos humanos. La situación de los migrantes, en un momento en que se está dando el mayor número de desplazados luego de la Segunda Guerra Mundial, será uno de los temas del debate en la sesión.

Mujeres son violadas y condenadas por abortar.

Más de 20 mujeres están cumpliendo largas condenas, de hasta 40 años de prisión, “tras sufrir complicaciones relacionadas con el embarazo o emergencias obstétricas”. El último informe de Amnistía Internacional es lapidario sobre las consecuencias que la penalización del aborto está causando en El Salvador. En un país en que la violencia —y las violaciones— están a la orden del día, el castigo a la interrupción del embarazo está dejando a las mujeres en un lugar de “suma vulnerabilidad”, ha concluido Naciones Unidas. En un reporte de 2015, titulado Mujeres en Fuga, se reveló que 64% de las mujeres entrevistadas huyó de su país por “amenazas directas a su vida”.

Niños solos, resultado de convivir con la violencia.

“Una vez que la mara se entera que has ido a la Policía, estás muerto”. Estas fueron las palabras que Camila, una salvadoreña de 15 años, le comentó a la agencia de Naciones Unidas para los refugiados (Acnur) cuando la rescataron. Los niños y adolescentes son uno de los grupos que más está sufriendo la violencia en El Salvador. Tras el conflicto entre los militares y la guerrilla, que terminó en 1992, la de ahora es la crisis humanitaria que más huérfanos está dejando. Una situación similar es la que vive Honduras. De allí escapó Julián, de 17 años, quien relató a Acnur: “El pecado de uno es vivir aquí. No hacés nada malo en tu vida, pero el solo hecho de nacer y vivir aquí es una sentencia de muerte”.

Vía: El País, Uruguay.

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