Las maras y la perversidad del Capitalismo

El gobierno del FMLN está por iniciar medidas represivas adicionales en contra de las maras: una mayor militarización de los territorios y un descongestionamiento de las cárceles del país. Con estas nuevas acciones se evidencia que en el país no han sido suficientes todas las leyes antipandillas surgidas para controlar este fenómeno ni el uso de toda la fuerza policial y militar ejercida a través de los distintos sabores de “manos duras” ejercidos por los gobiernos de ARENA y del FMLN. Así el país con la puesta en operación de estas medidas estaría al borde de desencadenar un conflicto social con características de guerra civil en la cual se disputarían el control de los territorios ocupados hasta ahora por las maras. Mi opinión es que el fenómeno de violencia e inseguridad del país ocasionado por la maras sigue siendo tratado sin atender su raíz estructural, por lo que estas nuevas medidas serán un total fracaso -como lo han sido las medidas represivas ejercidas en el pasado- sino se acompañan en paralelo con acciones que combatan la avaricia de grupos privilegiados del capitalismo salvadoreño que viven y se enriquecen de este fenómeno social. En este artículo presento algunos elementos para considerar el origen de las maras, el establecimiento de su poder, y a manera de conclusión las posibles medidas para resolver esta problemática social. En esencia, se trata de responder a dos preguntas orientadoras: 1) ¿Cómo surgen las maras y de dónde obtienen su poder real o derivado? y 2) ¿Qué deberíamos hacer para eliminar el fenómeno de las maras? Para ello utilizo como referencia teórica la sección VII del ensayo Ciencia y Tecnología como ideología escrito por Jürgen Habermas en 1968.

En su ensayo, Habermas identifica dos tendencias evolutivas en el Capitalismo tardío que contribuyen a la reducción de conflictos en este sistema: “1) Un incremento de la actividad intervencionista del Estado tendente a asegurar la estabilidad del sistema y 2) Una creciente interdependencia de investigación y técnica, que convierte a las ciencias en la primera fuerza productiva” (p. 81). Con la primera se regulan -mediante subvenciones adecuadas- las disfuncionalidades del proceso económico capitalista que amenazan y ponen en riesgo a la estabilidad del sistema. Y con la segunda se da respuesta a la presión ejercida por el Capitalismo para elevar la productividad del trabajo mediante la introducción de nueva tecnología. Si bien con estas tendencias se logra poner en latencia a los conflictos que se podrían derivar de la lucha de clases e ideológica (categorías de Marx que para Habermas empiezan a perder sentido), el Estado no logra eliminar por completo las necesidades socioeconómicas que quedan en grupos de la periferia y, por lo tanto, son éstos los que se convierten en fuentes potenciales de conflicto. Habermas llama a estos grupos de la periferia -retrasados en términos de desarrollo y sin atenciones en salud, educación y empleo- como grupos subprivilegiados. Dejando como grupos privilegiados a aquellos que son atendidos directamente por las tendencias evolutivas mencionadas arriba y que reciben subvenciones adecuadas del Estado que contribuyen a disminuir o a eliminar los posibles conflictos en el sistema capitalista. Para el caso salvadoreño, estos grupos privilegiados son: los dueños de las ventas de armas, los mercaderes de la justicia que viven del cadáver diario, de los presos y de la defensa de criminales, los dueños de las empresas de seguridad, la clase política en sentido amplio (no sólo los partidos políticos) y, finalmente, a los grupos fácticos con poder económico y financiero que terminan acumulando y disfrutando (gracias al capitalismo perverso) el dinero proveniente de la extorsión y de las remesas del país.

Me detengo un poco en citar a Habermas ya que su descripción de los grupos subprivilegiados coincide muy bien con la esencia de las maras o pandillas en El Salvador. Habermas (p. 94) dice: “… las situaciones de subprivilegio se caracterizan porque, como mucho, pueden poner al sistema en el brete de responder con reacciones que ya no son compatibles con la democracia formal, pero, propiamente no pueden subvertirlo”. La matanza de once trabajadores ocurrida en Opico la semana anterior si bien no pone en riesgo al sistema capitalista salvadoreño provoca que el gobierno tome medidas excepcionales (militarización del territorio) que riñen con lo que se espera de un Estado democrático. Más adelante en el ensayo, Habermas (p. 95) define con mayor precisión quiénes son los grupos subprivilegiados que cito in extenso:

“a) los grupos subprivilegiados no son clases sociales. Tampoco representan potencialmente nunca a la masa de la población; b) Su privación de derechos y su pauperización no coincide con la explotación (Capitalista), ya que el sistema no vive de su trabajo. En todo caso, pueden representar una fase pasada de la explotación . Pero las aspiraciones que legítimamente sustentan, no las pueden hacer valer amenazando con retirar su cooperación (al sistema); por eso mantienen un carácter apelativo o testimonial; c) La desatención de que a largo plazo son objeto sus aspiraciones, puede llevar a los grupos subprivilegiados a reaccionar en casos extremos con destrucciones y autodestrucciones. Pero a estas explotaciones en forma de guerra civil le faltan; sin embargo, las perspectivas del éxito revolucionario de la lucha de clases, mientras no se produzcan coaliciones con grupos privilegiados” (*).

El ensayo de Habermas es profundo y, a veces, difícil de entender. Sin embargo, aunque fue escrito en 1968 este autor se refería a un tipo de Capitalismo tardío muy distante al salvadoreño actual, pero su análisis de grupos privilegiados y subprivilegiados sigue vigente y nos puede ayudar a interpretar el fenómeno de las maras. Para responder a la pregunta propuesta al inicio de este artículo sobre ¿Cómo surgen las maras y de dónde obtienen su poder real o derivado? utilizaré el literal c) de la definición de Habermas de los grupos subprivilegiados, a saber: las maras y sus familias surgieron de la desatención, por más de 25 años, de sus necesidades socioeconómicas (que los han llevado a situación de pauperización) por parte de la oligarquía capitalista salvadoreña. Ahora estos grupos subprivilegiados reaccionan con acciones de destrucción y autodestrucción (las cifras de asesinatos diarios de las pandillas han colocado al país como el más violento del mundo) que provocan el aumento de medidas represivas por parte del gobierno, que podrían llevar al país a una especie de guerra civil sino se toman otras medidas como la de evitar que las maras logren establecer coaliciones con grupos privilegiados del sistema capitalista del país como lo sugiere Habermas. A su vez, el poder directo de las maras está en su capacidad de actuar con medidas de destrucción y autodestrucción, especialmente asesinatos y extorsiones; mientras que su poder derivado, proviene de las coaliciones que han formado con al menos c dos grupos privilegiados: la clase política (que los utiliza para el juego electoral) y el órgano judicial del país (que negocia con la justicia). En la base de las coaliciones que pueden haber establecido las maras en el país está el flujo de dinero que se mueve por la extorsión, y la compra y venta de armas; dineros que por las reglas de la “mano invisible” del capitalismo perverso salvadoreño terminan acumulándose en la oligarquía.

Finalmente, para responder a la segunda pregunta de este artículo sobre ¿Qué deberíamos hacer para eliminar el fenómeno de las maras? propongo tres medidas: 1) Como sugiere Habernas en su primera tendencia evolutiva del Capitalismo se debe incrementar y focalizar las subvenciones del Estado para los grupos de subprivilegiados (o de la periferia), que en nuestro caso implica atender las necesidades socioeconómicas de las maras y sus familias; 2) Aplicar medidas represivas para disuadir los mecanismos de destrucción y autodestrucción de las maras que incluya la suspensión de la venta de armas y la eliminación de la tenencia y portación de armas en la población y; 3) cortar las coaliciones de las maras con los grupos privilegiados ya señalados: principalmente es necesario eliminar el negocio de la aplicación de justicia que termina en manos de la oligarquía capitalista y, además, se debe eliminar de una vez por todas el uso ideológico que hace la clase política del “tema maras” para perpetuarse en las esferas del poder político del país. En esencia, se debe terminar lo antes posible las coaliciones que los grupos privilegiados del país hayan establecido con las maras; en caso contrario, cualquier medida represiva no resolverá el problema sino que más bien aumentará el conflicto y las ganancias del capitalismo perverso.

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