La paz aún no ganada

  •  Las pandillas son hijas de la exclusión social y el crimen organizado tiene el caldo de cultivo en el pandillerismo

En este mes de enero se celebran y se conmemoran cosas buenas y cosas malas. Cosas muy buenas y cosas muy malas… Es como dice la vox populi: una de cal y otra de arena…

Unos celebran la llegada de la dictadura militar y otros la insurrección, todo ello en 1932; pero también se conmemoran y se recuerdan (no oficialmente, pero si en la memoria colectiva) a los miles de muertos que dejó el aplastamiento de la rebeldía campesina e indígena.

En enero, en tiempos modernos, se celebran los Acuerdos de Paz, un pacto político que puso fin a la guerra civil. Aquello también fue la posibilidad del gran capital para cambiar el modelo económico social e imponer una actualización del “capitalismo salvaje”, que no sólo concentró a los más ricos de los ricos para hacerlos más ricos, sino que destrozó cualquier esperanza de más democracia y justicia social.

En este sentido, la izquierda en el poder después de casi 7 años ha manejado el cambio hacia la democratización con “guantes de seda” y con “paños tibios”; tal parece que el pacto no sólo fue para parar los tiros entre soldados y guerrilla.

Hoy estamos aturdidos, sorprendidos, estupefactos porque tenemos 25, 30 y hasta 50 muertos diarios; una tasa de 103 homicidios por cada 100.000 habitantes (si Estados Unidos tuviera esta tasa, tendría al año más de 300.000 asesinados, y China más de 13 millones ¡!). El FMLN culpa a ARENA y ARENA culpa al FMLN.

Pero todo esto tiene un origen. Las pandillas son hijas de la exclusión social y el crimen organizado tiene su caldo de cultivo en el pandillerismo; todo esto junto tiene un ingrediente catalizador que profundiza, amplia y consolida el mal; se llama impunidad.

En todo este panorama la polarización política se convierte en “el gran negocio” para extender el atrofiado modelo.

Entonces, nuestra gran paradoja es que el día que celebramos, estamos conmemorando… Como si el nacimiento fuera también y al mismo tiempo, muerte.

¿Cuánto durará esta situación? No se sabe. Pero la única fuerza poderosa que cambiará esto será la lucha de toda la sociedad para corregir el destino de El Salvador. Como decía el poeta guatemalteco, Arqueles Morales, en su libro “La paz aún no ganada”, …cuando llega la crisis y nos llevan los diablos,/ un poco de la vida…

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